Felicidad en los Adultos Mayores

Sabemos que la vida es un continuo, pero desde la Antigüedad ésta ha sido dividida en etapas cada una con sus características. 

Hoy día, en la sociedad  mientras unas etapas como la niñez, la juventud y la vida adulta significan belleza, fortaleza, seguridad , esperanza; a otra como la vejez le atribuyen limitaciones, fragilidad y soledad.
Afortunadamente esto no responde a la realidad, ni todo el mundo lo ve así. Lo normal es que la persona que ha llegado a “ser mayor” esté físicamente bien, sea autónoma, tenga buen estado de ánimo, esté dispuesta a disfrutar de su vida y a seguir aprendiendo lo máximo posible. Y aunque quizás vayan apareciendo algunas limitaciones, todos tenemos una gran capacidad de adaptación que nos permitirá hacerles frente.

Es la sociedad, en general, la que ha ido creando una serie de estereotipos y prejuicios referidos a las personas mayores (están enfermas, son dependientes, no coordinan bien, se olvidan de las cosas), que condicionan la forma en que se les trata y contribuyen a que el propio mayor asuma, como impuestos, unos roles, unos comportamientos y actitudes que encajen en el papel que se espera de él. Esta imagen de la persona mayor unida a la pérdida de influencia social y mediática, no ayudan a cambiar las cosas.

Los estereotipos que nos hacen ver a la persona mayor como un ser frágil, dependiente, sin medios para valerse por sí mismo, sin capacidad de decisión, hacen que por el simple hecho de la edad se les trate de forma diferente: no se les permite tomar decisiones, se les infantiliza y no se les deja llevar a cabo una vida plena.

Por otro lado nuestro afán de proteger al que creemos débil, ahonda su desprotección, le inutiliza, le convierte en sujeto pasivo, cada vez más necesitado de los demás, y lo hacemos sin darnos cuenta que este trato inadecuado puede llevar a una mayor dependencia, depresión y aislamiento de la persona mayor. Frente a ese estado de cosas podemos pararnos a pensar y actuar de otro modo. Debemos conocer cómo son nuestros mayores, reflexionar cómo les tratamos y cómo quieren que se les trate para así conseguir una sociedad más justa, donde la edad no sea un hándicap que nos impida llevar la vida que cada uno elijamos.

Se ha definido a la persona adulta mayor como aquella persona por arriba de los 60-65 años, este umbral es sin duda arbitrario y no puede contemplar la multidimensionalidad de un estado que depende de muchos factores, en los que la edad por sí solo nada significaría.

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