Formando Felicidad

Para averiguar si un niño es feliz o no, hay que aprender a leer las señales que emite constantemente. Un niño sabe muy bien cómo mostrarnos cuándo algo le hace feliz o lo entristece. Su carita puede iluminarse con una gran sonrisa cuando sus padres llegan a casa o puede llorar desconsoladamente cuando no encuentra su osito de peluche. Las señales muchas veces son obvias: un niño feliz sonríe, juega, exhibe curiosidad, muestra interés en otros niños y no necesita estimulación constante. Y al contrario, las señales de un niño desdichado son igualmente claras: es retraído, callado, no come mucho, no se involucra espontáneamente con otros niños, no juega, no hace preguntas, no ríe ni sonríe y habla muy poco.

Paul C. Holinger, profesor de psiquiatría del Centro Médico Rush-Presbyterian-St. Luke's en Chicago hace las siguientes recomendaciones para criar niños felices:

1.- Hacer sitio a la diversión
Aunque el entretenimiento constante y comer helado de postre puede ser el sueño de todos los niños, lo que realmente les hace más felices es algo más sencillo: jugar con sus padres. Por eso, hay que crear lo que se llama una 'niñez conectada', relacionarse y divertirse con ellos. El juego genera alegría, pero también es la forma en que nuestros hijos desarrollan habilidades esenciales para su futura felicidad. El juego no estructurado le permite descubrir lo que les gusta hacer, lo cual puede orientarlos hacia una carrera o profesión que les satisfará. 

2.- Desarrollar sus talentos
La receta de Hallowell para crear felicidad de por vida incluye un aspecto sorprendente: las personas felices son a menudo aquellas que dominan una habilidad. Por ejemplo, cuando un bebé practica cómo lanzar una pelota, aprende persistencia y disciplina, y luego experimenta la dicha de tener éxito debido a sus propios esfuerzos.

También obtiene el beneficio de ganarse el reconocimiento de otros por su logro. Y lo que es más importante, descubre que tiene algo de control sobre su vida: si trata de hacer algo, tiene la satisfacción de darse cuenta de que, con persistencia, llegará a lograr lo que se propone. Los estudios muestran que este sentimiento de control que se experimenta a través de dominar algo es un factor importante que determina la felicidad adulta.

3.- Tener un cuerpo sano
Mucho sueño, ejercicio y una dieta saludable son importantes para el bienestar de todos, sobre todo de los niños. Los pequeños hacen ejercicio de manera innata: enseguida se ponen a saltar, correr, escalar... Por otra parte, es importante prestar atención a poner orden en su vida: aunque algunos niños se adaptan fácilmente a distintos horarios y circunstancias, la mayoría de ellos es más feliz cuando tienen un horario establecido que les permite prever qué va a suceder a continuación.

4.- Dejar que se enfrenten a los problemas
Carrie Masia-Warner, psicóloga infantil y subdirectora del Instituto de ansiedad y trastornos del estado de ánimo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, ve la sobreprotección bienintencionada de los padres como un grave error: “Los padres tratan de arreglar siempre las cosas para sus hijos, tratan de hacerlos felices todo el tiempo. Eso no es realista. Los niños necesitan aprender a tolerar algo de angustia, algo de desdicha. Hay que dejar que luchen, que resuelvan las cosas por sí mismos, porque eso les permite aprender a enfrentarse a los problemas” .

Hallowell está de acuerdo en que permitir que los niños pasen por diversas experiencias, incluso difíciles o frustrantes, les ayuda a llenar la reserva de fuerza interior que conduce a la felicidad. Ya sea que un niño tenga 7 meses de edad y esté tratando de gatear, o que tenga 7 años y sufra dificultades con las sumas y restas, aprenderá a arreglárselas con la adversidad simplemente confrontándola una y otra vez hasta superarla con éxito.

5.- Permitir que muestre su tristeza o enojo
Cuando un niño al que queremos se va a un rincón a hacer pucheros en una fiesta de cumpleaños, nuestra reacción natural podría ser empujarlo a unirse a la diversión, pero es importante permitirle que esté infeliz. A Hallowell le preocupa que “algunos padres se angustian cada vez que sus hijos sufren un poco de rechazo, no los invitan a una fiesta de cumpleaños o lloran porque no obtuvieron lo que querían”.


Los niños necesitan saber que a veces es normal sentirse desdichados. Es, sencillamente, parte de la vida. Y si tratamos de rescatarlo de cualquier desdicha, podríamos estarle enviando el mensaje de que está mal sentirse triste. Necesitamos dejarlos experimentar sus sentimientos, incluyendo la tristeza.

6.- Sé un modelo de conducta
Para bien o para mal, los niños perciben el humor de sus padres. Incluso los bebés pequeños imitan el estilo emocional de sus papás, lo cual de hecho activa vías neuronales específicas. En otras palabras, cuando sonríes, tu hijo sonríe y su cerebro se “prepara” para sonreír. Si disfrutas de las cosas pequeñas de la vida y expresas a menudo qué te hace sentirte agradecido, serás un modelo positivo de conducta para tu hijo.

Eso no quiere decir que haya que esconder las emociones negativas. La tristeza es parte de la vida, pero al mismo hay que mostrar que siempre se puede encontrar un resquicio de esperanza.

7.- Enseñarle a hacer cosas valiosas
A medida que van creciendo, los niños pueden aprender lo satisfactorio que es ayudar a otras personas. Los estudios demuestran que la gente que hace cosas positivas se siente menos deprimida. Incluso los niños pequeños pueden beneficiarse de esta lección.

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